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El estrés “positivo” podría ayudar a estar saludable en la tercera edad

El estrés se suele asociar con algo negativo, ya que se desencadena cuando algo parece no ir bien, lo que nos pone en alerta máxima.
Sin embargo, algunos científicos indican que el estrés derivado de tener cosas que hacer y retos que cumplir nos ayuda a llegar a viejos con salud.

Estrés temporal y sistema inmune

En los años 90, un psiquiatra de la Universidad de Rockefeller (EE.UU, Dr. Dhabhar) investigó cómo el estrés puntual (aquel que nos pone en alerta ante algo inesperado) podía influir al sistema inmune. Es la respuesta que en ingles se ha denominado “fight of flight” (pelea o vuela). A Dhabhar le parecía ilógico considerar que un sistema de supervivencia ancestral básico pudiera ser nocivo para la salud.

Como Dhabhar comentaba: “La Madre Naturaleza nos dio la respuesta de estrés para ayudarnos a sobrevivir, no para matarnos”.

En este sentido, el estrés físico y mental estimula la producción en la sangre de las interleucinas. Las interleucinas son sustancias producidas por el sistema inmune que ayudan a luchar contra las infecciones.

El estrés moderado en el embarazo mejora el desarrollo cognitivo del niño

Hay varias formas de concebir el estrés. No tiene porqué ser únicamente una forma insostenible de presión o de tensión. El estrés “en positivo” se efectúa en los músculos al hacer ejercicio o en la mente cuando afrontamos retos cognitivos. Estos últimos pueden ser altamente beneficiosos.

Algunas investigaciones de la Universidad John Hopkins (EE.UU) han demostrado que los niños pequeños tienen un mejor desarrollo cognitivo cuando la madre durante el embarazo llevaba una vida activa laboral con problemas que resolver. Sin embargo, en las mujeres que tienen un embarazo relajado y sin estrés con pocas ocupaciones y preocupaciones, no se observa comparativamente este mayor desarrollo cognitivo en la descendencia.  

Los músculos que no se usan, se eliminan

Cuando un músculo no se mantiene activo con el ejercicio, éste se acaba deteriorando. Los músculos necesitan tener estímulos para mantener un equilibrio. Este aspecto se acusa sobre todo al llegar a la tercera edad, cuando las limitaciones musculares pueden causar limitaciones de funcionalidad de la actividad cotidiana.

Lo contrario también ocurre: El estrés muscular derivado el ejercicio físico prolonga la vida del músculo.

Un caso que saltó a los medios de comunicación en 2017 fue el del ciclista francés que batió el récord del mundo de velocidad de velódromo en un rango de edad insólito: el corredor acababa de cumplir 105 años. Afirmó que había empezado a entrenar a los 68, tras su jubilación.

Cuando analizaron su capacidad aeróbica para el ejercicio, comprobaron con sorpresa que tenía los valores de un hombre ¡De unos 50-60 años menos!

Evidentemente, no todas las personas tienen esa capacidad de evolución, pero los investigadores comentan que las fibras se atrofian progresivamente con el desuso. También se deteriora la conexión de los nervios con el músculo por lo que van fallando los reflejos.

Los efectos de la inactividad muscular son tan llamativos que cuando un hombre adulto pasa 5 días inmovilizado en una cama puede perder hasta medio kilo de masa muscular. Además, la recuperación tras la inactividad se ralentiza mucho al envejecer.

El tipo de ejercicio influye

Algunos tipos de ejercicio son mejores que otros para preservar la masa muscular a lo largo de la vida.

Uno de los mejores tipos de estrés muscular se basa en trabajar la resistencia con pesas o cintas. El ciclismo o ejercicios en la bicicleta estática son otras maneras de entrenamiento de resistencia muy aconsejables.

Los estudios también indican que el mantener una forma regular de ejercicio moderado durante la etapa adulta contribuye a tener menos declive muscular en la tercera edad. Para ello conviene que el ejercicio sea ameno y entretenido. La práctica del ejercicio continuado requiere un grado importante de diversión y entretenimiento para que se mantenga la motivación.

Músculos y cerebro

El ejercicio físico también es un gran aliado del cerebro y la mente.

Hay una doble interacción cuerpo-mente en ambas direcciones que prolonga la buena calidad de vida en movimiento. Para empezar, mantener la circulación de la sangre en movimiento, como se fomenta con el ejercicio, ayuda a eliminar los desechos que el cerebro genera en su actividad, y que podrían de lo contrario resultar neurotóxicos. Por ejemplo, se sabe que acelera la limpieza de la proteína tau defectuosa, que es uno de los marcadores típicos de la enfermedad de Alzhéimer. Además, el estrés del ejercicio físico estimula la producción de factores de crecimiento nervioso que fomentan la producción de nuevas neuronas y refuerzan las conexiones neuronales ya existentes.

Se sabe que a partir de los 40 años aproximadamente, el cerebro empieza a sufrir una merma en su tamaño, de aproximadamente un 5% por cada década. A los 50 sería un 10% menos, y así sucesivamente. Sin embargo, la reducción del tamaño cerebral es menor en las personas septuagenarias que practican ejercicio aeróbico (bicicleta, nadar, correr, caminar a buen paso) de manera regular. También funciona estar en contacto con la m

Algunos expertos afirman que el detrimento del cerebro con la edad se puede evitar con el estilo de vida apropiado.

Mantener el cerebro alerta y activo ayuda a ralentizar el envejecimiento. Aquellas personas que no se jubilan hasta edad avanzada son más resistentes al deterioro cognitivo. Una de las razones de esta correlación respecto a la edad de la jubilación de profesiones que requieran actividad intelectual y la longevidad cerebral residiría en un aumento de la proliferación de células nerviosas al mantener un cierto nivel de estrés cognitivo diario.

En definitiva, el estrés moderado nos mantiene vivos y activos. Parece fomentar estar en el “gimnasio cerebral” y con ello prolongar la juventud mental.

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