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La estatura cuenta para la salud del corazón

Mido 1,84 metros de altura, es decir, mucho más alta que la media femenina española. Alcancé mi estatura “casi máxima” a los 11 años de edad. Ello me ha supuesto un claro inconveniente a la hora de encontrar calzado y ropa a mi medida, sin contar con la incomodidad de asientos en transportes y otras instalaciones públicas concebidas para personas más bajas.
No obstante, no todos son inconvenientes.

Una ventaja de altura: Tener menos riesgo de algunas enfermedades

Un estudio reciente efectuado por un grupo de investigación del Centro Médico Rocky Mountain Regional VA (EE.UU) indica que las personas más altas tienen menor riesgo de padecer diversos tipos de enfermedades.

El equipo de investigación estudió los datos genéticos y de salud de más de 200.000 adultos de raza blanca y de 50.000 personas de raza de color. Se analizaron más de 1.000 parámetros y características de cada persona de manera individual. Los voluntarios se clasificaron en grupos según la altura.

Los científicos encontraron que, contrariamente a lo que se había supuesto en otros estudios previos, la altura se asocia con un menor riesgo de enfermedades del corazón. Además, hay una menor probabilidad de tener la presión arterial alta con la edad y se suele tener el colesterol más bajo.

Inconvenientes de ser alto: Más riesgo de enfermedades neuropáticas y de la piel

Como en casi todo, hay un “ying y yan” en el factor de la estatura. En el estudio, el grupo de investigadores comprobaron en la cohorte de los 250.000 voluntarios que las personas más altas tenían más riesgo de tener neuropatías periféricas, es decir, daños en los nervios periféricos que puede generar peor movilidad de las extremidades. Además, eran más propensos a tener enfermedades en la piel, como úlceras e irritaciones, así como un mayor riesgo de infecciones en los huesos.

El estilo de vida cuenta

El trabajo de investigación efectuado es el que ha reunido más datos estadísticos recogidos hasta la fecha. De hecho, los investigadores afirman que la estatura puede relacionarse con más de 100 efectos clínicos (algunos para bien, otros para mal).

No obstante, los autores comentan que la estatura no es más que un parámetro que tiene que ser contrastado con otros parámetros de alimentación y estilo de vida de las personas.

Relacionado con la alimentación, muchos estudios apuntan a que la mejor dieta para la salud del corazón y del organismo en general se basa en la dieta mediterránea.

Esta dieta se considera de las más saludables y equilibradas. Está basada en aceite de oliva, aceites de semillas y vegetales, frutas variadas, vegetales, cereales de grano entero, legumbres, frutos secos, consumo moderado de pescado, huevos, carnes magras (de ave) y fermentos lácteos. La carne roja y las grasas saturadas se consumen muy esporádicamente. Por ende, no se consumen alimentos ultraprocesados, refrescos o panes y bollería industriales.

El seguimiento de este tipo de dieta de manera regular, junto con la práctica del ejercicio moderado (sobre todo al aire libre) consigue reducir el riesgo de enfermedades del corazón, tener mejor circulación, menos riesgo de hipertensión y una piel más saludable e hidratada.

Por añadidura, la mente funciona mejor. De hecho, se ha demostrado que desde el punto de vista del rendimiento cognitivo, las personas mayores que se adhieren a la dieta mediterránea durante al menos 6 meses llegan incluso a mejorar el rendimiento cognitivo, la memoria espacial y la capacidad memorística en general.  

No lo tomes a “pies juntillas”

Los datos del trabajo efectuado por el Centro Médico Rocky Mountain Regional VA (EE.UU) son de gran interés ya que han conseguido analizar una ingente cantidad de datos inéditos. Sin embargo, no hay que olvidar que se hizo únicamente en la población de este país americano. Sería conveniente saber si esta tendencia a tener peor piel y menos infartos en las personas altas se corresponde también a la población española.

Mientras tanto, yo disfrutaré de las ventajas de ser alta mientras procuro prevenir y prestar atención a “mis puntos débiles” en materia de salud.

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¡Hecho!

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