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La mente en el último aliento

La muerte de una persona se determina cuando la persona deja de respirar. En ese momento, se asume que el cerebro cesa su actividad de manera irreversible en menos de diez minutos por la falta de oxígeno y la parada del metabolismo. Sin embargo, hay investigaciones que sugieren que haya más actividad en el cerebro en estos momentos de lo que se presuponía.

Cuando el corazón cesa de latir…

En general, se asume que la parada cardiorrespiratoria es el equivalente a la muerte del cuerpo y de todas las constantes vitales, incluido el cerebro. Sin embargo, hay algunos estudios que sugieren que el cerebro podría mantener cierta conciencia incluso después de la parada cardiaca. Parece que el cerebro se resiste a cesar su trabajo. En este sentido, una investigación ha profundizado en lo que ocurre en el cerebro cuando el corazón ya no trabaja. El electroencefalograma que mide la actividad cerebral también indica un “perfil plano”. Sin embargo, esta investigación sugiere que todavía perdura cierta actividad neuronal.

En el estudio se registró la actividad de las neuronas en personas con un daño irreversible en el cerebro y a los que se había cesado la ventilación asistida unos momentos antes. En otras palabras, estaban clínicamente fallecidos. Los científicos observaron que, como era de esperar, las neuronas cesaban su función por la falta de oxígeno. Sin embargo, lo asombroso fue observar que aún sin oxígeno las neuronas reanudaban una cierta actividad (denominada despolarización dispersal) que se prolongaba durante un tiempo sin causar daños irreversibles en las neuronas, incluso sin oxígeno. Posteriormente, se entraba en una situación crítica en la que los daños eran irreversibles. En particular, las neuronas de la parte de la corteza (la parte anterior del cerebro) pueden permanecer activas durante unos minutos incluso en ausencia de oxígeno, lo cual podría ser de gran relevancia en una hipotética “resurrección cerebral”.

Vida del cerebro sin el cuerpo

Hablando de resurrección cerebral, existe una fascinante publicación de un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard en la que consiguieron mantener vivos varios cerebros de cerdos decapitados fuera del cráneo y en ausencia del cuerpo.

Los investigadores tomaron los cerebros aislados de cerdos que habían sido sacrificados y, tras cuatro horas fuera del cuerpo, los colocaron en un sistema que permitiera mantener nutrientes y oxígeno a través de los vasos sanguíneos cerebrales. A las seis horas de haber efectuado esta operación, observaron que las neuronas recuperaban sus funciones metabólicas, consumían azúcar y el sistema inmune empezaba a trabajar de nuevo. Posteriormente, consiguieron incluso estimular eléctricamente las neuronas y éstas recuperaban de esa manera su capacidad de comunicar entre ellas. Un aspecto sorprendente y fascinante fue observar que el comportamiento de las neuronas en el cerebro no era simultáneo, lo que sería indicativo de que las neuronas actuaban de manera autónoma con independencia de los estímulos selectivos, es decir de la recuperación de una cierta “conciencia”.

Estos hallazgos suscitan preguntas interesantes sobre si se podría recuperar la vida del cuerpo a partir de la actividad del cerebro. Uno se pregunta hasta qué punto el cerebro cesa su vida cuando el cuerpo ya no responde. Y, más aún ¿Por cuánto tiempo?

Pensamientos en la antesala de la muerte

Algunos estudios sugieren que existe una cierta conciencia cuando las funciones vitales del cuerpo han cesado, incluso llegando a “sentir” su propia muerte. Obviamente, este nivel de conciencia se atribuye fundamentalmente a la actividad cerebral. En este sentido, algunos testimonios de personas que volvieron a sobrevivir tras una parada cardiorrespiratoria afirman que eran conscientes de lo que ocurría a su alrededor cuando habían fallecido antes de “volver a la vida”. Incluso llegaban a oír a los doctores anunciando la propia defunción de sí mismos en una forma particular de conciencia.

En este sentido, una noticia científica saltó a la actualidad recientemente en relación a un hombre de 87 años en el que se registró cierta actividad cerebral en el momento de su muerte. El hombre había sufrido una fatal caída en la que el cerebro presentaba hemorragias y estaba muy deteriorado. Los médicos procedieron a intentar registrar las ondas del cerebro de la persona para ver si había esperanza, pero mientras hacían esos análisis la persona sufrió un ataque al corazón y falleció.

Sin embargo, los sanitarios se quedaron asombrados cuando comprobaron que al menos 30 segundos después de que la persona estuviera clínicamente muerto todavía se registraban ondas del cerebro de diversos tipos, indicativo de que el cerebro seguía aún funcionando incluso aunque no le llegara sangre a las células para respirar. En otras palabras, el hombre seguía “pesando” a pesar de todo. Como proponen los investigadores del estudio, es muy atractivo imaginar que la persona estaba reviviendo su vida en el último suspiro, aunque advierten que esas experiencias de resumen de la vida en unos instantes también se han experimentado en personas que distan de estar fisiológicamente muertos.

Aunque fascinante, hay que tener en cuenta de que se trata de un caso aislado que dista mucho de ser generalizado, pero no deja de generar una cierta inquietud respecto a cómo entendemos el final de la vida.

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